Hoy he vuelto al trabajo después de dos semanitas de vacaciones. Tras pasarme varios días escuchando en las noticias como afrontar el llamado síndrome postvacacional (algo que creo deberían evitar porque al final de tanto oírlo el cerebro se empapa y hace que vuelvas al trabajo añorando los días de descanso y deseando no tener nada que hacer...) he vuelto a la oficina con la sensación de que el Paraiso ha devenido en Infierno una vez más...
En Brazos de La Fiebre
En Brazos de La Fiebre
Con los brazos de la fiebre
que aún abarcan mi frente
lo he pensado mejor.
Y desataré las serpientes de la vanidad.
El paraíso es escuchar,
el miedo es un ladrón
al que no guardo rencor
y el dolor es un ensayo de la muerte.
En la piel de una gota
mis alas volvieron rotas.
Y entre otras cosas
ya no escriven con tinta de luz.
El paraíso deviene en infierno
y luego se quema.
Y sin que nadie se mueva,
¿quien lo arregla?
Gestado en mis escombros
de pastoso paladar
el disparate del caos
me derroto con palabras de alabanza.
En la piel de una gota
mis alas volvieron rotas
y entre otras cosas
ya no escriven con tinta de luz.
El paraíso deviene en infierno y
luego se quema.
Y sin que nadie se mueva,
¿quien lo arregla?
Publicado por
Santeador
Etiquetas:
historias,
Héroes del Silencio
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